Rezar por los Herman@s CFIC de Latinoamerica

«Quizás el Señor toma nuestra entrega para derramar bendiciones en otro lugar del mundo donde nosotros nunca iremos. El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria.» [EG 279]

 

¡Ven, Espíritu Creador, con tu multiforme gracia ilumina, vivifica y santifica a tu Iglesia!

 Unida en alabanza te da gracias por el don de la Vida Consagrada, 

otorgado y confirmado en la novedad de los carismas a lo largo de los siglos.

 Guiados por tu luz y arraigados en el bautismo, hombres y mujeres,

 atentos a tus signos en la historia, han enriquecido la Iglesia, 

viviendo el Evangelio mediante el seguimiento de Cristo casto y pobre, obediente, orante y misionero.

 ¡Ven Espíritu Santo, amor eterno del Padre y del Hijo!

 Te pedimos que renueves la fidelidad de los consagrados. 

Vivan la primacía de Dios en las vicisitudes humanas,

 la comunión y el servicio entre las gentes, la santidad en el espíritu de las bienaventuranzas. 

¡Ven, Espíritu Paráclito, fortaleza y consolación de tu pueblo! 

Infunde en ellos la bienaventuranza de los pobres para que caminen por la vía del Reino. 

Dales un corazón capaz de consolar para secar las lágrimas de los últimos. 

Enséñales la fuerza de la mansedumbre 

para que resplandezca en ellos el Señorío de Cristo.

 Enciende en ellos la profecía evangélica para abrir sendas de solidaridad y saciar la sed de justicia.

 Derrama en sus corazones tu misericordia

 para que sean ministros de perdón y de ternura. 

Revístelos de tu paz para que puedan narrar,

 en las encrucijadas del mundo, la bienaventuranza de los hijos de Dios.

 Haz que vivamos el Evangelio del encuentro:

 ayúdanos a humanizar la tierra y a crear fraternidad, 

llevando las fatigas de quien está cansado y no busca más, la alegría de quien espera, de quien busca,

 de quien custodia signos de esperanza.

 Espíritu Santo, Fuego que ardes, ilumina nuestro camino en la Iglesia y en el mundo. 

Danos el coraje del anuncio del Evangelio y

 la alegría del servicio en la cotidianidad de los días. 

Abre nuestro espíritu a la contemplación de la belleza.

 Custodia en nosotros la gratitud y la admiración por la creación, 

haz que reconozcamos las maravillas que tú realizas en todo viviente. 

María, Madre del Verbo, vela sobre nuestra vida de hombres y mujeres consagrados, 

para que la alegría que recibimos de la Palabra llene nuestra existencia,

 y tu invitación a hacer lo que el Maestro dice (cf. Jn 2, 5) nos encuentre 

activos intérpretes en el anuncio del Reino. Amén.

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Sólo puedes apadrinar un sólo Religioso por medio del Formulario, con tu compromiso de ofrecer Rosarios, Misas y pequeñas Ofrendas para que Maria y el Señor lo sostengan en su Vocación

    

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