Testimonio de Clementina Monti

11.09.2013 13:18

 

“Soy prima segunda de Padre Monti. Lo he conocido por primera vez a la edad de ocho años cuando, venido desde Roma para fundar la casa de Saronno, se detuvo tres días en el pueblo. Lo vi sucesivamente porque casi anualmente venía a Bovisio Masciago. De él además, siempre he sentido hablar en la familia.

Yo lo llamaba tío y el se preocupó por mí: me encontró trabajo en lo de las hermanas de Monseñor Rotondi en Saronno. Y cuando venía desde Roma me mandaba a llamar y me daba muchos buenos consejos.”

 

El Siervo de Dios en su juventud se comportó siempre como un San Luis: reunía a los jóvenes del pueblo. Mi abuela me decía que su casa era como una Iglesia, porque todas la noches iban jóvenes del pueblo para recitar el Rosario, cantar cantos a la Virgen, aprender el catecismo.

Sé que en esta obra suya tuvo también algunas peripecias: mi abuela el 7 de septiembre de cada año me contaba que en aquel día los austriacos habían tomado a todos los compañeros del Siervo de Dios, que llamaban la Compañía de los Frailes, y los había llevado a prisión a Desio donde permanecieron 72 días sin saber el por qué. En prisión transcurrieron el tiempo en oración, cantos religiosos, edificando a la población de Desio”.

 

“Yo no lo he visto nunca rezar en la Iglesia, pero cuando oraba con nosotros en casa demostraba su gran fe, y su amor por Dios, sea en su actitud como en las expresiones.

Era un hombre de carácter fuerte y tenaz, tanto que no retrocedía delante de  las dificultades: se apoyaba en la oración. Era muy mortificado y humilde: mantenía siempre el último puesto y se contentaba con poquísimo. Era muy reservado en la castidad y en los consejos que nos daba era muy rígido”.

 

“Por nosotros, en la familia, era considerado como un santo, porque nosotros veíamos las virtudes y las obras. En el pueblo todos lo consideraban un santo y también el párroco me decía que era una maravilla que un hombre poco instruido y nacido de familia pobre hubiese sido elegido por el Señor para cumplir  obras de santidad como el Siervo de Dios”.

 

“Murió en Saronno en 1900, no sé de qué enfermedad. Yo no fui  visitarlo, pero fue mi padre, a quien el Siervo de Dios le dijo que moría contento y que después de su muerte su obra se habría desarrollado mayormente. Murió resignado después de haber recibido los Santos Sacramentos. Yo participé de los funerales: el cortejo  fue  pobre, pero el concurso de la gente fue grandioso; y muchos iban a tocar su ataúd con prendas y pañuelos para sanar.

 

Volver

    

Consultas info@beatomonti.com

Creado con Webnode