Testimonio de Ángel Monti

11.09.2013 13:28

Ángel Monti era primo segundo del beato.

Su testimonio nos hace revivir la atmósfera en la casa Monti: “El padre de Luis era uno de aquellos hombres de  molde antiguo, de honestidad intrépida; gozaba de mucha estima en el pueblo. Era director del coro. Tenía un libro escrito a mano donde estaban las canciones para todas las fiestas. Lo llamábamos ´el libro de las cien maravillas`. Este libro se lo llevó de Bovisio Custode Radice.

Desde entonces –cuando todavía vivía el padre de Luis- iban los cantores a la casa al atardecer para los ensayos y a entretenerse en conversaciones".

Así describe Ángel los rasgos sobresalientes de la vida de la Compañía de los Frailes: “Eran jóvenes casi todos sobre los veinte años. Se reunían cada día , especialmente en invierno. Leían la vida de los Santos. Después de la lectura decían siempre el Rosario cada noche, cantaban cancioncitas sacras. Estaban allí hasta cerca de las diez.

Entre los cantos, recuerdo uno que comenzaba así: ´El rico murió y en el infierno fue sepultado`.

En la Montina se encontraban  los domingos, después de la doctrina, con los de Cesano Maderno”.

 

Un rasgo característico de Padre Monti joven nos lo remite el propio Ángel: “Estaba siempre sonriente, cuando era joven. Todos lo queríamos bien. Era de aquella bondad que ya no se encuentra. Los jóvenes lo seguían con mucho gusto”. 

 

De padre Monti adulto, Ángel traza un sintético perfil: “Era de ideas grandes, pero le faltaban los medios. Era de una sinceridad, de un carácter franco que aquello que debía decir a uno, se lo decía”.

 

El recuerdo vívido del arresto es reportado en los más mínimos detalles y nos hace comprender la tensión suscitada en el pueblo: “Recuerdo muy bien el episodio del arresto de la Compañía, acaecido en la tarde del 7 de septiembre, cerca de las 8. Aquella noche, como sucedía frecuentemente, me encontraba en casa de  los hermanos Monti con mi padre Pedro Monti, su primo hermano, y mi madre Josefina Faré. Estaba reunida como de costumbre, toda la Compañía, y nosotros estábamos también presentes en la misma habitación.

A un cierto punto se abrió la puerta y se presentaron cuatro gendarmes; otros dos estaban fuera del umbral, y otros dos en el patio. Los cuatro que entraron les pusieron enseguida las esposas a todos, pero no tenían suficientes, y a dos los llevaron sin esposas.

Querían llevarse también a mi padre, pero mi mamá se opuso protestando, y lo dejaron porque no era fraile. Llevaron también a Cayetano Corbetta –marido de la hermana de mi madre-, si bien no era fraile, pero después lo dejaron libre en las afueras del pueblo.

Los gendarmes revisaron por todas partes y se llevaron todos los libros.

Por fortuna no vieron en el cajón de la mesa, que en el fondo tenía una división, 40 cartuchos, los cuales estaban en el fondo y los había traído a casa el Antonio, cuando volvió de soldado: había sido soldado con el ejército de Carlos Alberto[1], en 1848. Aquellos cartuchos los conservaban como recuerdo.

Luis no estaba. Se había ido a Quinto Romano con el Custode a lo de don Luis. El jefe de la Compañía era el José, hermano de Luis.

La noticia del arresto de la Compañía se esparció enseguida por el pueblo, y la gente estaba irritadísima contra el párroco, considerado por todos como autor del informe hecho a los austríacos. Al día siguiente hubo también una demostración hostil hacia el párroco, hecha sobre todo por las mujeres del pueblo, las cuales parece que fueron también a casa del párroco. El párroco Caldera, amigo de los austriacos, hostigaba a la Compañía, no la quería, mientras Ciceri, su predecesor, era todo para la Compañía”.

Ángel, después, cuenta que Padre Monti, “quiso que fuera a Saronno otras veces para la plantación de árboles y la colocación de frutales”.

Al final de su exposición, Ángel, recuerda todavía: “el día anterior a su muerte fui a visitarlo junto a su sobrino de Desio”.



[1] n.d.t. Rey de Cerdeña (1798-1849), entró en guerra con los austriacos resultando vencido. 

 

 

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