María, Madre de Santos

31.10.2014 21:23

 
  Quisiera comenzar a redactar pensando sobre todo en los Grandes Santos de la Iglesia, Santa María, San José. Ellos supieron vivir la santidad de manera plena y llena de confianza en Dios. Siempre estuvieron seguros que los planes de Dios eran mejores que los propios, y se dejaron conducir por el Espíritu de Dios. El mismo Beato Luis Monti, nos enseña que ella es nuestra Mamá y que debemos acudir a ella en todas nuestras necesidades, proponiendo así un culto especial a la Madre de Dios. Y sobre todo no sólo una manifestación externa de cariño, sino que nos enseña que ese mismo cariño debe ir manifestándose en la misma vida de cada uno de sus hijos. Un amor que enamora y tranforma el corazon, la mente y el mismo modo de vivir.
 
  Cada de uno de nosotros, en mayor o en menor medida tenemos nuestros propios santos y nuestras propias devociones, muchos acostumbramos a dar ofrendas en favor de alguna petición o acción de gracias (encender una vela, a realizar promesas, peregrinaciones, etc.). Esto muchas veces puede llegar a generar algunas dificultades a nivel de conceptoos, tanto para quienes acudimos a estas prácticas como para quienes nos "ven" realizarlas. 
 
  Es por ello que me gustaría poder aclarar algunas ideas, ayudado de algunos textos y de apuntes de algunas lecturas realizadas. "En el lenguaje de la liturgia de la Iglesia, los santos se veneran como santuarios de la Trinidad, como hijos adoptados del Padre, hermanos de Cristo, fieles miembros del Cuerpo Místico y templos del Espíritu Santo.  Si bien Jesús exigió que se honre el Templo porque es la casa de Dios, cuanto más los santos que son templos vivos del mismo Dios."
 
  El Concilio Vaticano II los llama hermanos e insigne bienhechores nuestros,  amigos y coherederos de Cristo. Y nos exhorta a venerarlos, a amarlos y a agradecer a Dios lo que por ellos le debemos, asegurándonos que “en los Santos Dios mismo nos habla y nos ofrece un signo de Su Reino” (LG, nn.50_51).
  Este Reino de Dios, crece cada día, de manera silenciosa y casi misteriosa, pero nunca deja de detenerse. Es por eso que todos los bautizados estamos llamados a la Santidad, es por éste bautismo en que al igual que los Santos estamos llamados a escuchar a Dios en nuestra vida y hacer de ellas un eco que resuna de manera clara y profunda en todo nuestro ser de hijos de Dios. 
 
  Todos sin ninguna excepción estamos llamados a ser Santos. Se me vienen a la mente algunos pasajes del Libro; "Las ganas se hacerse Santo" del Hno. Aleandro Paritantti. Estoy convencido que quienes lo leen, quedan con el deseo y el entusiasmo de imitar aquello que las "cartas" nos cuentan sobre la santidad cotidiana del Beato Luis Monti. 
 
  Recuerdo unas palabras que leí de un hombre que vive santamente, un contemporáneo nuestro, el gran Benedicto XVI, que les decía a los jóvenes:
 
  "Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos. Él os ama mucho más de lo jamás podríais imaginar y quiere lo mejor para vosotros. Y, sin duda, lo mejor para vosotros es que crezcáis en santidad.
  Quizás alguno de vosotros nunca antes pensó esto. Quizás, alguno opina que la santidad no es para él. Dejad que me explique. Cuando somos jóvenes, solemos pensar en personas a las que respetamos, admiramos y como las que nos gustaría ser. Puede que sea alguien que encontramos en nuestra vida diaria y a quien tenemos una gran estima. O puede que sea alguien famoso. Vivimos en una cultura de la fama, y a menudo se alienta a los jóvenes a modelarse según las figuras del mundo del deporte o del entretenimiento. Os pregunto: ¿Cuáles son las cualidades que veis en otros y que más os gustarían para vosotros? ¿Qué tipo de persona os gustaría ser de verdad?
Cuando os invito a ser santos, os pido que no os conforméis con ser de segunda fila. Os pido que no persigáis una meta limitada y que ignoréis las demás. Tener dinero posibilita ser generoso y hacer el bien en el mundo, pero, por sí mismo, no es suficiente para haceros felices. Estar altamente cualificado en determinada actividad o profesión es bueno, pero esto no os llenará de satisfacción a menos que aspiremos a algo más grande aún. Llegar a la fama, no nos hace felices. La felicidad es algo que todos quieren, pero una de las mayores tragedias de este mundo es que muchísima gente jamás la encuentra, porque la busca en los lugares equivocados. La clave para esto es muy sencilla: la verdadera felicidad se encuentra en Dios." (Discurso a los estudiantes de Londres, 17 de septiembre 2010)
 
  Con la claridad de siempre el papa Benedicto nos aclaró las dudas sobre la santidad. Ahora bien, regresando a nuestro tema, debemos recordar que los católicos tenemos cinco tipos de culto:
 
  • 1. – LATRIA ABSOLUTA: Es el culto dado solamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
  • 2. – LATRÍA RELATIVA: Es el culto dado a imágenes y/o reliquias de Dios (Padre, Hijo, Espíritu Santo, Santísima Trinidad y Especies de la Eucaristía)
  • 3. – HIPERDULÍA: Es el culto a la Santísima Virgen María.
  • 4. – DULÍA ABSOLUTA: Es el culto reservado a los ángeles y a los santos.
  • 5. – DULÍA RELATIVA: Es el culto a las imágenes y a las reliquias de santos
  Habiendo dejado un poco más claro, la especial atención que merece la Madre del Señor y "Madre nuestra" (Beato L. Monti), podemos decir sin equivocarnos que el Papa Francisco, siempre fiel a su estilo, nos despeja todas las dudas que pudieramos tener sobre la Santísima Virgen. Dejando por terminado este artículo sabiendo que no hay nada más que agregar.
 

  "La verdad que María es la que sabe transformar una cueva de animales en casa de Jesús con unos pocos trapos y una montaña de ternura. Y es capaz también de hacer saltar un chico en el seno de su madre como escuchamos en el Evangelio. Ella es capaz de darnos la alegría de Jesús. María es fundamentalmente Madre. Bueno sí, Madre es poca cosa, no, María es Reina, es Señora. No. Pará: María es Madre. ¿Por qué? Porque te trajo a Jesús.

  Voy a contar una anécdota muy dolorosa para mí. Habrá sido por los años 80. En Bélgica, había ido por una reunión y, católicos buenos. Trabajadores. Y me invitó a cenar un matrimonio. Varios hijos. Católicos. Pero que, eran profesores de teología, y estudiaban mucho, ¿no? Y de tanto estudiar, no sé, tenían un poquito de fiebre en la cabeza. Y entonces, en un momento de la conversación hablaban de Jesús. Muy bien. Verdaderamente una teología, una cristología muy bien hecha. Y al terminar me dicen y bueno nosotros ya conociendo a Jesús así no necesitamos a María. Por eso no tenemos devoción mariana. Yo me quedé helado. Es decir, me quedé triste, mal. Es decir, cómo el demonio bajo una forma de ‘mejor’, quita lo mejor, ¿no? Pablo dice que nos tienta bajo ángel de luz, ¿no? Y es una Madre, una María sin maternidad. María es Madre. Primero. No se puede concebir ningún otro título de María que no sea ‘la Madre’.
  Ella es Madre porque engendra a Jesús y nos ayuda con la fuerza del Espíritu Santo a que Jesús nazca y crezca en nosotros. Es la que continuamente nos está dando vida. Es Madre de la Iglesia. Es maternidad.
  No tenemos derecho, y si lo hacemos estamos equivocados, a tener psicología de huérfanos. O sea, el cristiano no tiene derecho ‘a ser huérfano’. Tiene Madre. Tenemos Madre.
  O sea, durante toda la vida sabe tocar las conciencias. Sabe tocar las conciencias. Te acompaña en eso. Nos ayuda. María es la que ayuda a bajar a Jesús. En el abajamiento de Jesús. Lo trae del cielo a convivir con nosotros. Y es la que mira, cuida, avisa. Está.
Y, hay una cosa que a mí me llega mucho. La primera antífona mariana de Occidente es copiada de una de Oriente que dice ‘Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios’. Es la primera, la más antigua de Occidente. Pero eso viene de una tradición vieja, que los místicos rusos, los monjes rusos explicitan así: en el momento, en los momentos de turbulencia espiritual, no queda otra que acogerse bajo el manto de la Santa Madre de Dios. Es la que protege, la que defiende.
  Acordémonos del Apocalipsis, la que sale con el chico en brazos corriendo para que el dragón no devore al chico. Por más que conozcamos a Jesús, nadie puede decir que es tan maduro como para prescindir de María. Nadie puede prescindir de su madre.
Nosotros los argentinos…, nosotros los argentinos cuando encontramos una persona que tiene huellas de maldad o de mal comportamiento, y un poco por carencia, porque no la quiere, o porque la abandonó, el cariño de su madre, tenemos una palabra fuerte que no es mala palabra, es un adjetivo fuerte, y le decimos esta persona es un ‘huacho’.
El cristiano no puede ‘ahuacharse’ porque tiene a María como Madre” (Papa Francisco VATICANO, 28 Oct. '14  al Movimiento Schoenstatt)

Autor; Hno. Jorge Romero cfic

 

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