Función modélica de María en Luis Monti

19.09.2013 16:54

Función modélica de María. Autor. Hno. Carlos Vece CFIC

Texto tomado del Libro: "Con el corazón de Luis Monti la Caridad cristiana hoy" (Cuaderno del Carisma n° 16 CFIC) Capítulo I

Autor; Hno. Carlos Vece cfic

“En primera instancia observamos que el camino espiritual de la vida consagrada común a todas las formas y expresiones de esta vida es el seguimiento de Cristo, por esto el discipulado se transforma en la regla máxima o la expresión acabada del consagrado. Por el testimonio de los evangelios podemos ver que María fue la primera y la más perfecta discípula de Cristo. Por ser así, esta referencia tiene un valor universal y permanente. De manera que en una primera aproximación tenemos en María  un «modelo ejemplar» para quienes siguen a Jesucristo a la manera de discípu­los cercanos en la vida consagrada.”

La Constitución Lumen Gentium en su capítulo ocho presenta a María como « Virgen y Madre, tipo de la Iglesia» siguiendo una enseñanza de San Ambrosio y en virtud de su virginidad y de su maternidad divina. De esta manera María es anterior a la Iglesia «la prece­de», «presentándose de forma eminente y singular como modelo singular tanto de la virgen como de la madre ». Es así que la función de María  en la Iglesia es la de un modelo eminente y singular. Una función modélica que es al mismo tiempo especial y particular.

La función modélica de María es una función eminente y singular, función por la que ilumina el camino de la Iglesia en cuanto la Iglesia intenta un camino de virginidad y de maternidad, esta función María la prolonga sobre los fieles, en cuya gestación y educación coopera con maternal solici­tud.

Sentido y modo de la función modélica de María

En primer lugar podemos afirmar una función modélica extrínseca en María con res­pecto a los fieles cristianos, a la manera de una contemplación de belleza y de virtudes en el modelo, contemplación tal que mueve y ayuda a imitar las virtudes del modelo en este caso María. Sin embargo limitar esta función modélica a una realidad simplemente externa sería empobrecer la función ejemplar que cumple la Virgen María.

Teniendo en cuenta que «la misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para mostrar su poder. Pues todo el influjo salvífico de la Santísima Virgen sobre los hombres no dimana de un necesidad ineludible, sino del divino beneplácito y de la superabun­dancia de los méritos de Cristo; se apoya en la mediación de éste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y lejos de impedir la unión inme­diata de los creyentes con Cristo, la fomenta.»

Podemos así caracterizar esta ejemplaridad formal intrínseca como una ejemplaridad que es principalmen­te materna y en orden a la salvación y santificación de las almas.

La maternidad de María en orden a la gracia hace que su influjo materno sea claramente santificador en los hijos que recurren a su intercesión materna. Madre del autor de la gracia su cooperación tiene el fin de la restauración de la vida de Dios en los hombres. Es en este orden sobrenatural  en dónde María se presenta claramente como Madre nuestra.

A este punto podemos afirmar que la función modélica de María para la vida espiritual cristiana tiene una formalidad intrínseca interna que se expresa en una maternidad espiritual por la cual María coopera en la generación y educación en la fe de cada uno de los cristianos, hermanos de su Hijo. Esta maternidad espiritual es en el orden de la gracia, es una verdadera y especial mediación materna subor­dinada a la única mediación de Cristo, fruto de la “plenitud de gracia” en María y en la totalidad dispo­nibilidad de la “esclava del Señor”. Esta mediación de María tiene el cometido especial de favorecer la conversión personal y la santificación universal de todos los hermanos de su Hijo. Para aquellos que creen en Jesucristo pueden encontrar en su Madre una verdadera Madre espiritual pronta a ayudarles a alcanzar la con­versión y la santidad.

Hijo de María - El realismo de la relación filial con María

Luis Monti vivía una relación profundamente filial con María, se sentía verdaderamen­te hijo de María y como un verdadero hijo se dirija a ella. Podemos decir que primariamente en su vida Monti, experimentó esta verdad que en el desarrollo de la vida de la Iglesia se profundizó al considerar el alcance la maternidad de María para los hombres. En una palabra que implica llamar a la «Madre de Dios»   «Madre Nuestra».

Presencia de Maternal de María en los momentos de tribulación

María es la «depositaria de los bienes del Señor», los bienes de la redención de Cristo bienes a los que accedemos para nuestra propia redención esto es  por la incorporación al miste­rio pascual de Jesucristo de todas aquellas circunstancias existenciales en dónde nuestra vida muere. Al alcanzar­nos los bienes de la redención María nos ayuda a dar sentido a los contra­tiempos y a las tribulaciones en medio de las cuales vivimos.

Padre Monti también hace suya una expresión de Tomás de Kempis y aconseja en medio de la tribula­ción los gestos necesarios para alcanzar el consuelo son: la invocación a María, el obse­quio de los sacrificios y las buenas obras, y el encomendarse a su maternal protección.

Presencia  maternal de María en la misión personal de Luis Monti

Las misiones que Dios encomienda a las personas si tienen su origen en Dios pasan por la tribulación y por las dificultades propias de la obra divina. Ninguno de los discípulos cerca­nos de Jesús va a dejar de pasar por dónde fue el maestro. El signo de la tribulación mues­tra al mismo tiempo el origen divino de la misión de Luis Monti y manifiesta claramente su fe en medio de las pruebas. En medio de este camino Luis Monti experimenta la compañía próxima de su Madre que le ayuda a llevar adelante la misión encomendada. De allí el reco­nocimiento claro en el momento de la autonomía.

 

El signo de la Madre Inmaculada como estímulo para la caridad

Para reflexionar acerca del valor del signo de la Madre Inmaculada en la espiritualidad de Luis Monti es necesario tener en cuenta algunas constantes y acontecimientos en orden a esta realidad que jalonaron la existencia de Luis Monti:

            a) Nace en una familia que lleva como patrona a María Inmaculada. La espiri­tualidad familiar de los a Monti estuvo marcada por una gran devoción a María Inmaculada. El Padre Angelo Pancrazio era director del coro de la Parroquia y miembro de la cofradía del Santísimo Sacramento y de la Inmacula­da Concep­ción. La madre Teresa estaba integrada a la Cofra­día de la Inmaculada Con­cepción, que se reunía junto al altar de la Inmaculada a la derecha del altar mayor.

            b) La consagración de Luis Monti al Señor el 8 de diciembre de 1846 a los 21 años, en la parroquia de su pueblo natal

            c) De su paso por los Hijos de María Inmaculada ha reforzado su relación con la Virgen Inmaculada. De sus tradiciones ha tomado la formula de consagración que se utiliza para renovar los votos en el día de la Inmaculada.

            d) En la asociación de Terciarios Capuchinos a la que se incorporó en el hospi­tal del Espíritu Santo, tomó el «Tributo de alabanzas a la Inmaculada» y la Coronita de la Inmaculada. En medios de tantas dificultades se encontró con estos tesoros pero al mis­mo tiempo con la tradición secular franciscana protago­nista principal en la defensa del dogma de la Inmaculada y de su promulgación. Además la Asociación de Terciarios Capuchinos estaba bajo el signo de la In­maculada Madre ya que estaba denominada

            «Instituto Hospitalario de la Inmaculada Concepción». La promulgación de las primeras constitucio­nes escritas durante los años 1879 - 1981 se da en el día de la Inmaculada Concepción.

            e) Ya en los primeros años de la autonomía cree oportuno y hace consagrar toda la Congregación a María y esto ocurre el día 6 de enero de 1880[1].

            De los hechos analizados emerge claramente como en el camino gradual de consagra­ción y entrega de Luis Monti aparece María, como la madre Inmaculada. Signo claro y elocuente que tiene que seguir y verificar en su existencia.

            La contemplación del misterio de la Madre Inmaculada ayuda a comprender que la histo­ria del hombre de todos los tiempos en el designio de Dios no se re­suelve en el pecado sino en el amor . Ya que podemos ver claramente en María «llena de gracia» y «toda santa», desde el comienzo de su existencia, la vocación original de todo hombre.

             En la lucha cotidiana contra el pecado y sus consecuencias todo hombre puede perder de vista el desig­nio de Dios sobre su persona y las consecuencias de la reden­ción operada por Jesucristo. Esta vocación al amor no es otra cosa que la realización existen­cial de nuestra vocación a la Santidad.

Más allá del aspecto preservativo del pecado original operado por la redención de Cristo (Cfr. RM.10), María aparece como el estímulo para vivir nuestra vocación a la santidad, ya que nos muestra que para el hombre la santidad es posible. Es así que el misterio de su elección divina y la plenitud de su gracia en ella, no solamente la libran del pecado sino que hace posible la maternidad divina en ella, es decir su misión.

            En el signo de la Madre Inmaculada, vemos que nuestra redención consiste en algo más que en la salvación del pecado. Por la redención realizada por nuestro Señor Jesucristo, también se nos da la posibilidad en vivir en comunión con Dios que para nuestra condición creatural solamente es posible realizarla en la gracia. Por lo tanto además de la lucha contra el pecado debemos realizar esta comunión con Dios en nuestras vidas como parte de nuestro proceso de santidad.

            Para cada uno de los Hijos de la Inmaculada el proyecto de santidad se basa en desenvolver y llevar a la plenitud en nuestras vidas este germen de santidad que Dios ha puesto en nosotros al elegirnos para esta vocación particular. Para el hermano la comunión con Dios se realizará en los lugares precisos, dónde Dios lo espera encontrarlo para bendecirlo con su gracia.  Sobre todo al lado de los que sufren, los enfermos y los huérfanos, el hermano desarrollará la comunión con Dios en toda su vida para poder testimoniarla en forma de servicio en aquellos que sufren.

            La existencia cristiana del hermano como proyecto de Santidad, bajo el signo de la In maculada  Madre, será el de realizar su existencia como don del amor de Dios para los sufren. Don del amor de Dios  que primero se recibe en la comunión con Dios en la gracia de elección personal ,que se recibe en la fe y en la gratuidad. Y que se pone a prueba en el amor a los últimos. Don del amor de Dios que se expresa en toda su gratui­dad en a­quellos que no nos pueden retribuir.

            Por eso el Signo del Inmaculada Madre se convierte para cada uno de los hermanos en signo que estimula y al mismo tiempo realiza el proyecto por el cual vive en el don a los hermanos y a los necesita­dos

 


[1]- la La narración de este hecho se da en el diario del siervo de Dios:«El día 6 de enero, fiesta de la Epifanía, fue la consagración del Instituo al Corazón SS. de la Inmaculada nuestra Madre, hecha dicha consagración, por el revmo P.Angelini, Director Espiritual del Instituto: el Padre hizo la ofrenda del corazón de plata, que permanecerá en el cuello de la estatua de Inmaculada que se venera en nuestra capilla del Espíritu Santo, en aquel corazón se encuentran los nombres de algunos hermanos superiores y del mismísimo Revmo. P. Angelini. Así también en el mismo día se realiza­ron 5 profesiones »

 

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