Erasmo Perniola CFIC y Monti

01.11.2013 23:02

El Hermano Erasmo Perniola es quién escribió una de las más grandes biografías de Padre Monti, nos trae en estos escritos la especial relación que se da entre La Eucaristía, la Inmaculada, Padre Monti y el sacerdocio  

Erasmo Perniola CFIC

La Eucaristía y la Inmaculada

 

Eucaristía y sacerdocio, Eucaristía e Inmaculada.

Para comprender mejor el lugar que la Eucaristía ocupa en la vida de Monti, es necesario relacionarla con la Inmaculada; juntas constituyeron los fundamentos de su espiritualidad.

A la Eucaristía y a la Inmaculada Monti las tuvo presentes en Bovisio, en las Confraternidades de la Concepción y del Santísimo Sacramento, las encontró en el Santuario de la Dolorosa de Rho, en 1842, unidas se la ofrecieron visiblemente 15 años después, en 1857, en la aparición de Bussolengo.

En Bussolengo, en un momento decisivo para su misión, en la incertidumbre de su futuro, el aliciente le vino una vez más del Sagrado Corazón de Jesús y de la Inmaculada.

 

En la luz de la Eucaristía

Monti se durmió en el Señor la tarde del 1º de octubre de 1900 en la visión profética que el sacerdocio, por él tantas veces solicitado para su instituto, y siempre negado, sería, después de su muerte, concedido, y pronto.

En efecto, al sacerdocio de una parte de sus hijos él lo consideraba totalmente necesario para la completa organización de su obra; para que sus hijos pudiesen desempeñar en el servicio de los enfermos y en la educación de la juventud, una misión en beneficio del hombre todo. En su convicción, a la presencia del hermano sacerdote la consideraba esencial, constitutiva; comparaba una comunidad sin sacerdocio y un cuerpo sin alma y al Instituto, un edificio sin techo.

Por lo tanto, el sacerdote, no sólo para tener al cura siempre a disposición de las obras y de los asistidos en la parte espiritual, sino como fundamento y coronación de su obra, como alma y vida del apostolado de todos sus hijos. En un argumento de tanta importancia espontáneamente se piensa en Cristo, quien, al término de su carrera mortal nos quiso dar testimonio de su infinito amor, dejando a la Iglesia como fuente de vida y de unión, el sacerdocio y la Eucaristía.

El sacerdocio y la Eucaristía, que son la manifestación más grande del amor de Cristo por los hombres, formaron también el anhelo supremo de la vida de P. Monti; y en la luz y en la fuerza que se libera de la Eucaristía tuvo comienzo y desarrollo, fundamento y certeza, toda su obra.

 

De la Eucaristía al sacerdocio

La Eucaristía dice orden al sacerdocio.

Siendo cada vez más escaso el clero, sobre todo en el intento de cumplir con la asistencia de los enfermos y en la educación de la juventud, una misión a la medida del hombre, para la salud del cuerpo y del espíritu para felicidad presente y la salvación eterna, Monti no tardó en convencerse que el sacerdocio de una parte de sus hijos era del todo necesario para su institución; y concibió _ caso nuevo en la Iglesia _ una Congregación en donde, junto al religioso enfermero, médico, educador, maestro de arte, hubiese estado también el sacerdote, para la completa asistencia y cura del enfermo, para la formación espiritual de los jóvenes. Hermanos y sacerdotes, una verdadera familia, con igualdad de derechos y deberes, en la observancia de la misma Regla, puestos todos en el mismo plano, también en el desempeño de las propias específicas funciones.

Programando el sacerdocio de una parte de sus hijos como elemento esencial, constitutivo de su institución; no como dominio sino como servicio, Monti estructuró una Congregación que si no permanecía más simplemente laica, no pasaba a ser tampoco clerical. Fue ésta indudablemente la concepción más innovadora y valerosa de Monti y como tal no fue comprendida por los hombres. La misma Iglesia, competente en juzgar las manifestaciones del espíritu hasta que vivió Monti, con sus reiterados rechazos, con una severa amonestación, puso a dura prueba la virtud del Siervo de Dios, que en el dolor y en la sumisión sintió que su fe se transformaba en certeza. Las contrariedades no lograron hacerlo desistir, las consideraba permitidas por Dios para probar al bondad de la obra, y efectivamente contribuyeron, por su parte, a resplandecer mejor la genuidad de su carisma.

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