Cardenal Carlo María Martini escribe sobre Padre Monti

01.11.2013 22:59

Cardenal Carlo María Martini

Una de las figuras más interesantes del último siglo

 

Hasta hace algún tiempo, a pesar de conocer a los Hijos de la Inmaculada Concepción y de apreciar sus múltiples actividades, sabía muy poco de su fundador, el Padre Luis Monti, y no imaginaba mínimamente que hubiese sido protagonista de vicisitudes tan difíciles y conflictuadas. Cuando empecé a tener conocimiento de algunas noticias particularizadas sobre su vida, me di cuenta de que me encontraba frente a una de las figuras espirituales y humanas más interesantes del siglo pasado.

Su vida está estrechamente ligada a la tradición cultural y religiosa de la Brianza, donde nació y se educó y a personas y lugares célebres de la Diócesis Ambrosiana. Prueba suficiente de ello lo constituye la influencia que sobre él ejercieron los Padres de Rho, las experiencias decisivas de oración en el Santuario de la Virgen, el regreso a la tierra natal en busca de nuevos compañeros.

Pero su camino espiritual y la necesidad irrevocable de seguir la vocación, lo alejan de su ambiente nativo, tradicional. Y debe afrontar entonces situaciones imprevistas, pruebas y contrastes internos y externos con los cuales se entrelazan advenimientos espirituales e históricos de gran importancia.

El camino del Padre Luis Monti se convierte así en un paradigma que deja constancia de cada uno de los diferentes elementos integrantes de un largo y sufrido itinerario espiritual y, al mismo tiempo, del avanzar fatigoso de una nueva y original idea en el dédalo de problemas impuestos por la situación política y religiosa de su tiempo.

No le faltan comprensión y ayuda en este recorrer, y confirmaciones de tipo carismático que demuestran cuán cercano se encuentra el Espíritu Santo a la vida y obra evangélica de los creyentes. Hace recordar la figura de Abraham que “llamado de Dios, obedeció, partiendo hacia una tierra que debía recibir como herencia, y lo hizo sin saber hacia dónde iba” (Hebreos 11,8); o de Moisés, que partiendo a la cabeza de un pueblo hacia un nuevo destino caminaba seguro “como si viese lo invisible” (Hebreos 11,37).

Quisiera poder demostrar el inmenso interés que en mí ha despertado la figura del Padre Luis Monti, y que se ha acrecentado al conocer más de cerca las estupendas obras de caridad, de servicio en favor de los pobres, de los enfermos y de los necesitados, respondiendo a las innumerables necesidades del mundo moderno, que su Congregación continúa desarrollando con generosidad, siguiendo el espíritu de su Fundador.

Espero que este libro pueda difundir aún más ampliamente la obra de fe, de coraje en la prueba, de respuesta valerosa al llamado divino, y de empeño en favor de los menesterosos, que refleja toda la vida y obra del Padre Monti.

 

Su secreto: dedicación y competencia

El secreto de su vitalidad espiritual de Padre Monti, de su “hacerse prójimo”, está en la voluntad de promover una incesante dedicación al prójimo en la dirección hospitalaria y en aquella pedagógica, tratando de actuar una caridad integral que sepa tomar de corazón, con competencia y profesionalidad, la persona enferma, en su totalidad, o que se preocupe de dar a los niños huérfanos de padre y de madre, una formación humana, espiritual, cultural, sin descuidar ningún aspecto

 

La Noche Oscura de Luis Monti

Su alegría interior no era opacada por las numerosas pruebas. Conozcamos solamente un momento de su vida de la cual dice: “Me encuentro abandonado de todos: de aquellos que mi espíritu no era aliviado por ninguna consolación humana o divina…Estaba a punto de abandonarlo todo”.

En esta noche oscura no deja de rezar y finalmente fue consolado por una particular experiencia de Jesús y de su Madre que le dieron las fuerzas necesarias para andar adelante. En la misión hospitalaria quería que sus hijos que siempre prevaleciera el estilo y la práctica del evangelio aún sobre los mismos problemas técnicos propios de la asistencia: “Estimar de servir a Jesús en la persona del enfermo, ver el rostro de Cristo en el rostro del enfermo”. La enfermedad era para El una visita del Señor y la tarea propia de los hermanos enfermeros era tener una conciencia clara de esta Presencia a través del camino de dolor del enfermo.

No dudamos en afirmar que Padre Monti ha sido un gigante de la caridad cristiana, un humilde completamente confiado a la Virgen Inmaculada de quien se transformó en un afectuoso cantor y en un promotor del misterio de su Concepción Inmaculada

 

El Cantor de la Inmaculada

Hoy recordamos con gratitud la obra del fundador Padre Luis Monti: hombre excepcional, de un temple interior muy vigoroso, capaz de afrontar dificultades hasta quizás sobrehumanas. Que ha pasado a través de períodos oscuros y difíciles, que lo dejaron sólo, casi abandonado de los amigos. Sin embargo siempre se dirigió a la Virgen con extrema confianza y afecto, confiándose a ella y superando cada dificultad aún cuando había parecido llegar al límite de las dificultades, de no poder hacer más, de no poder andar más adelante.

El ha podido obrar así porque ha estado para él una prehistoria eterna, un amor de Dios que lo ha elegido, que lo ha amado, que desde la eternidad lo ha deseado como hijo predilecto de María, como heraldo, cantor y promotor de la Inmaculada Concepción.

 

La Espiritualidad del Luis Monti

Plenamente centrada en Cristo, en su corazón y en su cruz, fundaba su vida espiritual sobre la Eucaristía (fuente de la caridad fraterna en comunidad) y de la contemplación del sagrado Corazón ( el nombre oficial de la famosa “Compañía de los frailes”, era en efecto: La Compañía del Sagrado Corazón ), del costado traspasado. La devoción a María: la incansable plegaria acompañada de una humildad casi carismática y de una bondad extraordinaria, gozosa y cantora. La vida de sacrificio que había elegido para sí en la contemplación del crucificado, lo hacía siempre más caritativo con los hermanos: “No puedo aconsejar a mis hijos de hacer todo aquello que he hecho yo”. Mayores eran las preocupaciones y los problemas, más prolongados eran los tiempos de oración: “La oración es un tesoro inmenso, una fuente infinita de gracia. En efecto si nosotros damos una mirada a nuestra vida pasada a las dificultades superadas, a las gracias recibidas, a los favores en gran medida obtenidos, todo se lo debemos a la oración”.

 

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