Aurelio Mozzeta CFIC y Padre Monti "Signo de Contradicción"

01.11.2013 23:00

P. Monti ha sido definido como un “incansable soldado de la caridad incendiaria de Cristo”.

Cada una de las palabras de esta breve frase da la idea de una persona activa, constantemente en el trabajo, entrenada y siempre pronta a la lucha para la promoción del bien y la afirmación del amor de Dios, como para refutar y destruir la estructura del mal.

Proponiéndose como tal, muy pronto Luis Monti, a ejemplo de Cristo(cfr. Lc 2,34), se hizo y fue en toda su vida un signo de contradicción: “Verdadero signo de contradicción, fue muy amado y muy odiado, muy buscado y muy aislado, siempre temido por los malos, porque verdaderamente grande en virtud y en obras delante de Dios y delante de los hombres”.

Al mismo tiempo su persona y su vida son vistas como punto esencial de referencia para cada uno de sus discípulos y, en definitiva todos los cristianos:

"La vida del Padre Luis M.Monti, nuestro venerado fundador aún no es plenamente y profusamente conocida.

Su santidad, su personalidad inconfundible, su Obra, su heroísmo entre los pobres enfermos y huérfanos y por la impostación de la Congregación, es aún una fuente de ejemplo que no tardará en revelarse altamente benéfica a la Familia, especialmente joven, concepcionista, porque se encontrará en él una estrella de primera magnitud igualmente luminosa en el cielo místico de la santidad, como en el social de la civilización cristiana.

Sus virtudes distintivas fueron la más sencilla fe y la más ardiente esperanza y caridad; ellas lo aurolearon de celo y de sabia, prudente, benévola firmeza en la acción .

Nunca conoció retrocesos en frente al deber que cumplir a dificultades intrincadas que afrontar y resolver.

Austero con sigo mismo fue siempre bueno con todos. Dominado por espíritu práctico, cuando hablaba o escribía trataba de ser útil y comprendido: de aquí la claridad, la precisión, la derechura y simplicidad atrayente de sus frecuentes exhortaciones.

Su figura superando en mucho la medicridad de sus competidores, emerge, se impone y triunfa: Ella será la que domine y de forma al presente y al futuro de la Congregación.

Su obra, "bendecida por Dios", nacía de una gran "idea evangélica", que "descendía directamente del corazón del Hijo de Dios: buscar al pobre, buscar al enfermo, recoger al niño huérfano y abandonado, asistirlo como la encarnación social de Cristo, como pupilas de los ojos tiernísimos de la Inmaculada"

El análisis hecho por el Padre Estanislao Pastori, testigo ocular, discípulo predilecto del fundador, es lúcido, increíblemente accesible encierra en síntesis muchos y esenciales elementos paradigmáticos de la figura de Padre Monti.

Sin forzar interpretaciones, creo que el cuadro global se armoniza con lo que se ha dicho en los párrafos precedentes sobre la vida religiosa.

En efecto Padre Monti es presentado como un verdadero continuador del “viaje de Cristo”, que prolonga en el mundo y en la historia la expansión de la acción benéfica del Redentor (su gran idea evangélica desciende directamente del corazón del Hijo de Dios).

Él se nos propone como una manifestación viva de la alegría con que se expande y se comunica a través de su obra de éxito evangelizador (siempre bueno con todos, trataba de ser comprendido: de aquí su claridad, la presición, la derechura y simplicidad atrayente); así también como afirmación de la dignidad de la persona humana y de la posibilidad de la salvación para todo hombre: pequeño o marginado( el pobre, el enfermo, el huérfano, acogido como la manifestación social de Cristo y pupila de los ojos tiernísimos de la Inmaculada).

En relación dialéctica y nunca vencido por el mundo( signo de contradicción muy amado y muy odiado, nunca retrocedió ante las dificultades), el Fundador era capaz de mirar más allá e indicar directivas del camino (superaba en mucho la mediocridad de sus competidores). Aún hoy su persona continúa glorificando la vida y la fuerza del amor de Dios (su figura emerge, se impone, triunfa; informará de sí presente y futuro de la Congregación).

Frente un cuadro tan orgánico de “santidad” en acto, cada uno de nosotros podría sentirse débil y desarmado, incapaz de proponer las cimas que el Fundador logró alcanzar, no en grado de seguir un ejemplo tan grande.

Para cada uno y para todos existe la eventualidad de la fatiga, dificultad, del detenerse y de la crisis, porque el camino a la santidad desarrolla sólo y siempre en el ámbito de la normalidad de la vida.

Cada uno debe ponerse en prevención y concederse a sí mismo el experimentar la posibilidad de un auténtico momento de crecimiento personal, un ejemplo tan santo; pero al mismo tiempo tan humano.

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