1ro de Octubre de 1.900 en Saronno por Marcos Agüero

01.10.2014 10:21

Una tarde otoñal, gris y fria del 1ro de Octubre de 1.900 en Saronno; toda la comunidad, hermanos y huerfanos, acompañan al padre 

moribundo. Ese puñado de corazones inocentes cuyo amor al Padre no tiene medida, se estremece en un dolor tan grande y puro, que solloza. Es un llanto de amor. 
 

Ha transcurrido una hora apenas y nunca el tiempo ha parecido más cruel. El siervo de Dios ha demudado su semblante. Una extraña luminosidad baña su rostro. Nadie se engaña ya. El corazón filial se ha anegado en el dolor más profundo. Y es como si la amada voz del viajero celeste bajara acariciante desde las altura:
-"¿Por qué lloráis?¿No veis que estoy durmiendo?".
Las campanas de Saronno tañen con lentitud a duelo. ¿Y Por quién gimen largamente las campanas? Por un hombre que fué bueno, que fué humilde, que fué pobre, que fué puro; por un hombre que amó mucho; por un hombre muy querido y muy odiado; por un hombre a quien mucho buscaron y mucho persiguieron; por un hombre que, muy temido y venerado, ha sido grande en virtudes y en obras ante los ojos de Dios y de los hombres. 
Y hasta el adiós del sepulcro siguen desgranándose, empapadas de lágrimas, las cuentas de ese Santo Rosario con el que el Padre Luis Maria Monti gustaba entretenerse en deliciosos coloquios con su bellísima "Mamá del Cielo". (Cfr. Un Alma Gigante, Cap. XII)


Beato Luis Maria Monti, ruega por nosotros.

Agradecemos por la redacción a Marcos Agüero

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