Una vida siguiendo al cordero dónde quiera que vaya

 

Sara Lona nació casi “por casualidad” en la ciudad de San Miguel de Tucumán el 4 de Agosto de 1897, encontrándose sus padres de paso en aquella ciudad por motivos laborales.

Séptima y penúltima hija del matrimonio de Enrique Lona y Petrona Sierra. Él, originario de Francia, graduado en Comercio y Economía se estableció en Metán (Salta) donde contrajo nupcias con Petrona Sierra, hija de una familia tradicional.

“Amo a Jesús hasta el Infinito, confío en Él hasta la audacia, siento que su Misericordia me rodea, no porque merezca ser regalada con estas gracias, sino que el Señor nos ayuda y sostiene en consonancia con su Infinita Misericordia.” Salta, 1 de Agosto de 1958.

 

Todos los hijos de este matrimonio se caracterizaron por su formación intelectual y cultural. Unos ocuparon cargos de gran responsabilidad en la Provincia, otros ejercieron como abogados o médicos.

Sara estudió para ser maestra y profesora de Geografía, llegando a desempeñarse como directora de escuelas primarias y docente de nivel medio. Y fue en el desarrollo de esta vasta actividad educativa en varios establecimientos que pudo ver como las jóvenes de mejor posición social accedían con facilidad a la promoción humana y cultural de la mujer mientras las niñas del campo o huérfanas carecían de estas posibilidades. Por ello, sensible a esta problemática reflexiona, como dar respuestas a esta desigual posibilidad de acceso a la educación formal.

A través de un sueño, la Providencia la guía a encontrarse con los Hermanos Concepcionistas en el Hogar León XIII para ancianos (Salta) y fuertemente impactada por el carisma del Beato Luís María Monti intuye que ése es el carisma que anima su vida y que desde hacía tanto tiempo discernía.

El día 8 de septiembre de 1949, se transforma en “Madre”, dando vida, junto a sus primeras compañeras, a la Congregación de la Hijas de la Inmaculada Concepción de la Caridad.

“Señor… Yo me ofrezco a vos para ser la Hostia Viva de las obras por la cual me intereso, me esfuerzo y me sacrifico. Yo quiero ser sacrificada para que esta obra se realice”. Retiro espiritual 9-1-1943

 

De los diversos testimonios aportados surgen los rasgos más salientes de la personalidad de la madre Sara: “aspecto físico agraciado, vital y ágil, de apariencia robusta. Muy delicada de salud, sobre todo en invierno sus bronquios fácilmente se resentían. Enérgica de temperamento, fuerte de expresión, terminante en algunas decisiones. Sus ojos expresivos se tornaban en ocasiones severos. De espíritu jovial, animaba ella misma los momentos de recreación y encuentros, dado que poseía cualidades para contar cuentos y chistes. Su capacidad poética ejercitaba componiendo y musicalizando cantos con su guitarra, sobre todo en honor a la Virgen, San José y otros de tipo recreativo o folclórico.

Ella era lo que se diría una mujer “casi completa”, adornada de dotes naturales y otras propias de su formación humana y profesional, dotes que transmitían a las jóvenes que educaba y a las religiosas en el proceso de formación, y que exigía con firmeza aprenderlas y aplicarlas en las tareas propias de una mujer. La generosidad era una de sus características, no permitía que ningún pobre que golpeara la puerta se fuera sin algo (fuere quien fuere).

 

¡Qué designios los de Dios! Elegir este pedazo agreste del suelo de América, para que sea la cuna de una obra tan grande. Tomar para realizarla, los instrumentos más humildes: unas pobres mujeres que no llevan a ella más patrimonio que el de su honradez, y su inmenso amor a Dios, traducido en el vehemente deseo de servirle y amarle hasta el fin de sus vidas: “Estas serán las que sigan al Cordero, dondequiera que vaya”. Salta, 20 de Diciembre de 1945. Carta dirigida al Padre Estanislao Pastori, Superior General de los Hijos de la Inmaculada Concepción.

La característica principal de la Madre Sara se ha manifestado en el campo educativo. Como docente se distinguía en el dominio de la matemática y lengua y en su acción pedagógica ponía gran énfasis en cuestiones tales como la presencia cercana y permanente de una religiosa entre las niñas, necesarias para su identificación y seguimiento, la atención integral (cuidando de la salud, estudio, trabajo, alimentación, recreación, descanso, etc.), la integración del personal laico y colaboradores , para el enriquecimiento en lo social, catequístico y artístico de las asistidas, el aprendizaje del rol de la mujer a través de la realización de las tareas diarias propias de la casa.

Sumamente identificada en todo con el Beato Luis María, también a ella la experiencia de dolor físico y moral la acompañó a lo largo de toda su vida. Su temple probado, sus convicciones cristianas profundas, su entusiasmo por su ideal y su amor a la obra, le permitió ser perseverante hasta el final.