"Les recomiendo a los huérfanos"

“Les recomiendo a los huérfanos”; estas son las palabra pronunciadas por el padre Monti antes de morir. La preocupación era justificada: la acogida de los huérfanos en una casa  de Hermanos enfermeros era toda una innovación, tal vez, un trastorno  y ciertamente un hecho misterioso que hay que mirar con los ojos de la  fe.

Un día, un monje cisterciense residente en Roma, pero nacido en Dessio (Milán), se presenta a padre Monti y le confía a sus cuatro sobrinitos, que habían quedado huérfanos de padre y madre. Luis no sabe decir que no, más aún porque vienen presentados en nombre de la Inmaculada y, ¿cómo se va a rechazar una visita de la Inmaculada?

Comienza así el evangelio de la caridad ejercitado por padre Monti entre los niños y muchachos huérfanos.

No sólo abre la casa de Saronno para hospedarlos sino que enseña también como hacerlos crecer y educar; necesitan ser considerados “hijos” y antes que nada “hijos queridos por Dios y la Inmaculada”.

Todos apreciamos el trato privilegiado de Jesús con los niños y los pequeños. Y sabemos que la palabra “pequeño” en el evangelio indica, además de los niños, al pobre, al marginado, al que no sabe cómo defenderse. El huérfano en cada tiempo, es a la vez un niño y el más indefenso: no tiene padres ni tampoco parientes que le ofrezcan una familia. También podemos considerar huérfanos a quienes son abandonados y no reconocidos como habitantes de esta tierra; tal vez quienes se encuentran solos por la falta de los padres y están prófugos. Es huérfano quien no puede estudiar, quien está privado de cultura, quien vive en las calles, explotado en el trabajo, o sumido en la violencia. Tantas son las situaciones desde donde un niño pide ayuda.

P. Monti comprendió que un “niño” tiene siempre necesidad de mucha atención  y cuidado: enseñó a sus Hermanos a ser acogedores y a ser padre y madre de los niños. Los estimuló a que pongan todo el empeño para que los niños vivieran serenamente, sintiéndose protegidos siempre que lo  necesitaran.

Esto es en breve lo que padre Monti escribe de los niños: “el Hermano educador se dedicará a ellos con empeño, estudiando  de formarlos en el sentido religioso de la vida y la práctica de las virtudes humanas, sociales y cristianas. Los niños no serán jamás golpeados, ni se usarán con ellos medios amenazantes para acercarlos a los sacramentos, mas con paciencia serán estimulados a aplicarse al estudio y a amar el trabajo para mejorar el propio carácter, sin condescender a sus caprichos y deseos irracionales. No todos, en tanto, querrán ser guiados de la misma manera, por lo tanto cada uno verá de acompañarlos en su crecimiento según sus capacidades y dones que ha recibido de Dios. Por esto no se dejarán jamás solos, y serán custodiados como un depósito santo y precioso”.

La casa de Saronno llegó a ser un laboratorio educativo, donde los niños podían desarrollar armoniosamente sus propias capacidades físicas, morales, intelectuales y psíquicas y adquirir gradualmente un mayor sentido de responsabilidad en la búsqueda de la verdadera libertad. Un proyecto que colma a Luis de gozo: “Sí, gozo de ésta nuestra familia porque allí está Dios, existiendo el buen espíritu, la caridad fraterna y la paz en el Señor. Por eso gozo y tengo confianza en nuestra afectuosa Madre Inmaculada y en San José que la sostendrán no dejándole faltar nada a sus hijos”. 

    

Consultas info@beatomonti.com

Creado con Webnode