La Montina de Luis

Luis es un joven alegre, vivaz, sabe cantar, y con voz de tenor guía a los otros jóvenes en la preparación de los cantos para la misa y otros momentos de oración.

El domingo por la tarde, después de haber celebrado las vísperas en la iglesia local,    juntos se dirigen a la Montina, una pequeña colina sobre cuya cima hay una planicie donde surge una vieja casona.

Desde Bovisio hay que caminar tan sólo una media hora para llegar al lugar utilizado por Luis y la Compañía de los Frailes para sus salidas de campo dominicales. Para compartir la belleza del lugar pero también la experiencia de encontrarse y compartir es que a este ambiente natural confluyen también otros jóvenes de los pueblos vecinos. Juntos pasan enteras tardes de fiesta y de sana alegría que se mezclan con cantos, oraciones, reflexiones, silencio y meditaciones personales.

Sobre este lugar, un día, los jóvenes de Bovisio llevaron una cruz de madera, construida por el mismo Luis que colgaron sobre una de las ventanas más altas de la casa.

Esa cruz todavía hoy es conocida como la cruz de la Compañía de los Frailes, la cruz de Luis Monti. Ella todavía hoy permanece como recuerdo de una experiencia gozosa y exaltante de la vida de jóvenes fervorosos y amantes del Señor Jesús.

Por ello, la “Montina” será siempre objeto de memoria positiva, signo de esa historia vivida y compartida, de una fe que permanece joven en el tiempo. Este es el motivo por el cual aún hoy es capaz de inspirar una modalidad de vida, suscitando en no pocos fascinación y deseos concretos de imitación.

 

La experiencia juvenil de Luis y sus compañeros de Bovisio, constituye una verdadera novedad en el panorama  de las actividades pastorales: son hijos de hogares pobres y, en algunos casos hasta viven en la miseria más extrema, pero sin embargo saben interpretar la vida en modo positivo y constructivo. Los ejemplos de los santos, el testimonio cristiano de sus padres y de un párroco de corazón caritativo, son piedras angulares de esta impronta humana que marca a fuego la vida y el corazón de estos jóvenes.

Luis y sus compañeros no se detienen frente a los límites  de la historia que les toca vivir, reconocen que existe un Señor por encima de ellos que hace justicia a los oprimidos y, por lo tanto, a ellos les toca ser testigos y anunciadores de la auténtica transformación que comporta el Evangelio.

Giuseppe Ghianda, uno de esos jóvenes, quince años después de esa experiencia juvenil, recordando las palabras dichas y las acciones realizadas, los lugares visitados, las reuniones en casa de los Monti, las experiencias afrontadas (como la cárcel),  escribirá a Luis Monti: “¡Oh días felices y bienaventurados pasados en nuestra juventud, días de paraíso y de gloria!”.

“Paraíso” y “gloria” indican el grado de bienestar  que vivieron Luis y sus compañeros, la intensidad de un evangelio vivido con seriedad y alegría, con compromiso y gozo. 

Material propuesto por Se.An. Familia Montiana. 

Aleandro Paritanti cfic – “I fiori sono apparsi nei campi” 

    

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