Fundación de la Congregación

En 1857, en la ciudad de Roma (Italia), da inicio a la Congregación de los Hijos de la Inmaculada Concepcion. Vistiendo por primera vez el habito religioso, el 08 de Septiembre, día de la Natividad de la Virgen Maria.

“Estoy  feliz de ser hijo de la Inmaculada Concepción”. Y para remarcar esta identidad, padre Monti se viste de azul, inspirándose en la vestimenta de la Virgen aparecida en Lourdes en 1858: “Nos muestra a todos como hijos de la Inmaculada”.

El azul del hábito recuerda también los colores del hospital del Espíritu Santo, lugar donde nació la Congregación: las túnicas de las camas de los enfermos y la divisa de los médicos y de los enfermeros.

En el hábito y en el color están incluidos los signos del amor-caridad: entre la Inmaculada y entre los enfermos, los huérfanos y necesitados. Un modo para anunciarse y describir la identidad y el carisma.

Todos sabemos que el hábito no hace a la persona: la verdadera identidad de los Hijos de la Inmaculada Concepción evoca a la Virgen, madre y patrona de la Congregación, y a la filial espiritualidad mariana, que se expresa en imitar sus virtudes.

Para subrayar este aspecto, el Papa Juan Pablo II dice: “El Siervo de Dios padre Luis Monti fue gran devoto de la Virgen Inmaculada y a ella quiso dedicar su Congregación.

El amor por la Virgen lo iluminó y lo guió siempre llevándolo a hacer de toda su existencia un coherente testimonio de fidelidad al evangelio. Meditando sobre el misterio de la Inmaculada Concepción a la luz de la Sagrada Escritura, del Magisterio y de la Liturgia de la Iglesia y sacando admirables lecciones de vida, él anuncia un apostolado de aquella nueva “era mariana” que el Siervo de Dios, el  Papa Pío IX había inaugurado con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Con tal propósito, amaba repetir: “Quien es verdadero devoto de María y la honra con pureza de mente y de corazón, puede estar seguro de su eterna salvación”.

    

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