Venerable Siervo de Dios Emanuel Stablum

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El 24 de abril de 2021, el Santo Padre Francisco recibió en audiencia a Su Eminencia Reverendísima el  Sr. cardenal Marcello Semeraro, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos.

Durante la misma audiencia, el Sumo Pontífice también autorizó a la Congregación a promulgar los decretos relativos a- las virtudes heroicas del Siervo de Dios Emanuele Stablum, religioso profeso de la Congregación de los Hijos de la Inmaculada Concepción; nacido el 10 de junio de 1895 en Terzolas (Italia) y fallecido en Roma (Italia) el 16 de marzo de 1950

El Siervo de Dios Emanuele Stablum nació en Terzolas (Trento, Italia) el 10 de junio de 1895. Cuando su padre murió en 1909 a causa de un accidente de trabajo, el Siervo de Dios, para ayudar a su madre viuda, se dedicó a los trabajos de carpintería pero, tras un periodo de cuidadosa verificación vocacional, a los 15 años entró en la comunidad religiosa de la Congregación de los Hijos de la Inmaculada Concepción en Saronno (Varese).

Comenzó su noviciado en Cantù el 11 de noviembre de 1911. Hizo su profesión religiosa temporal el 15 de agosto de 1913.

En los dos años siguientes se dedicó a la asistencia de huérfanos en Cantù y Milán, retomando también sus estudios de bachillerato en los Barnabitas. En 1915 sus superiores le llamaron a Roma para que asistiera al curso de filosofía con vistas al sacerdocio, y recibió el bachillerato en 1919. Mientras tanto, ocupó el cargo de prefecto de aspirantes a la vida consagrada. Emitió los votos perpetuos el 15 de agosto de 1919 en la Casa Generalicia de Roma. En noviembre de ese mismo año se matriculó como estudiante ordinario en el primer curso de Teología, pero en enero de 1920 el Capítulo General de la Congregación decidió abrir un hospital en Roma para tratamientos dermatológicos, con el fin de potenciar la labor del padre Ludovico Antonio Sala en este ámbito. Por esta razón, el Superior General pidió al Siervo de Dios que interrumpiera sus estudios de teología y se inscribiera en la Facultad de Medicina. En 1930 se licenció en Medicina en la Universidad de Nápoles “Federico II” y en 1931 inició su actividad sanitaria en el Istituto Dermopatico dell’Immacolata, contribuyendo de forma significativa al crecimiento de esta institución, que quiso ampliar con sucesivos pabellones necesarios tanto para la hospitalización de los enfermos como para las instalaciones de investigación clínica. En 1943, durante la ocupación alemana de Roma, abrió las puertas del Hospital a varias personas buscadas por el ocupante alemán, salvando la vida de un centenar de refugiados, entre ellos 52 judíos. Por este acto heroico, se le concedió el honor de “Justo entre las Naciones” el 20 de noviembre de 2001.

El Siervo de Dios era un religioso fiel a su consagración a Dios y al mismo tiempo era un médico atento a sus pacientes, a los que trataba con conocimiento y amor.

Participó activamente en la vida de su Congregación, de la que también fue Vicario General durante un tiempo, y se convirtió en cofundador, junto con Luigi Gedda, de la Asociación de Médicos Católicos Italianos (AMCI), fundada en 1945.

Aquejado de la enfermedad de Hodgkins, murió tras largos sufrimientos en Roma el 16 de marzo de 1950.

VIRTUDES HEROICAS

El Siervo de Dios ejerció la virtud de la fe en grado heroico, viviendo su apostolado como religioso y médico como contemplativo. Era un hombre de profunda oración, orientado habitualmente a relacionarse con las personas y las situaciones en un espíritu de fe, esforzándose por alcanzar la voluntad de Dios en cada circunstancia. Combinó armoniosamente la fe y la profesionalidad, el compromiso con la vida religiosa y el servicio médico, edificando a sus cohermanos, colegas y enfermos.

La fe del Siervo de Dios estaba sostenida por una esperanza heroica que le permitió correr grandes riesgos para salvar la vida de los refugiados y perseguidos durante la Segunda Guerra Mundial. Mantuvo esta actitud de completo abandono en las manos del Señor hasta el final de su vida.

El Siervo de Dios practicó en grado heroico la virtud de la caridad, hacia Dios y hacia el prójimo, especialmente hacia los que sufren y los pobres. Vivió el apostolado hospitalario como una verdadera misión, con el deseo de llevar a Jesús a los demás, especialmente a los que se habían unido a él en el dolor de la Pasión. Ejerció la caridad hacia el prójimo incluso en circunstancias muy difíciles, ayudando a los perseguidos políticos y a los judíos durante los años de la Segunda Guerra Mundial.

Como declaró el cardenal Fiorenzo Angelini, el Siervo de Dios “encarna perfectamente el papel del buen samaritano”.

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