¿Por qué celebrar un mes dedicado al Beato Monti?

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Septiembre se convierte en un mes especialmente dedicado al Beato Monti en muchas de nuestras Comunidades a lo largo del mundo. Cómo Montianos latinoamericanos no escapamos de este tiempo de gracia que el Señor nos propone.

Pero es válido detenernos, antes de comenzar, para preguntarnos ¿Por qué celebrar un mes dedicado al Beato Monti?

Sin dudas todos celebramos y eso es sumamente válido, pero siempre es bueno saber por qué lo hacemos. Con esa claridad bien podremos orientarnos a aquello que el Buen Dios quiera regalarnos.

Comencemos recordando que celebrar «un mes dedicado a» es una costumbre que la Iglesia universal propone y le da un marco especial a toda su vida. Así los meses del Sagrado Corazón, de María, de la Palabra, de la Misión, de la Solidaridad son ejemplo de lo que nos hace celebrar al unísono.

Luis Monti, a lo largo de su vida, no escapó a este «modo de enmarcarnos» que nos regala la Iglesia. Y es muy común encontrar en sus escritos invitaciones a celebrar el mes de nuestra Madre Inmaculada o de San José, insigne proveedor de nuestra Familia en los momentos de mayor necesidad.

Esta costumbre de Luis María fue seguida también a lo largo de la historia por los Hijos de la Inmaculada Concepción y por ello encontramos, de los sucesivos Superiores Generales, exhortaciones en el mismo tono de nuestro Beato Fundador.

Un claro ejemplo es el de Padre Pastori quién diseñó, durante su mandato, todo un año en el que sugería meses especialmente dedicados y celebraciones que, al incorporarlas, favorecerían la comunión de una Congregación que incipientemente se expandía por el mundo y las culturas.

 

Detalle de la programación realizada por Padre Pastori

 

A este «legado histórico» que recibimos y cuidamos porque hace a nuestro patrimonio carismático debemos sumarle la hermosa posibilidad de vivir en tensión espiritual en torno a una figura que nos acerque a Jesús con el testimonio de su vida e itinerario espiritual. Luis Monti no escapa a esta caracterización. Mas bien, la cumple con creces.

Desde lo multifacético de su vida y experiencias podemos anclar un tiempo que nos acerque decididamente a nuestro Señor Jesucristo como laicos, religiosos, educadores, profesionales de la salud, apasionados por la caridad y hombres y mujeres que buscan la santidad. Niños, pequeños y grandes podremos descubrir a lo largo de este mes y, con especial énfasis, el 22 de septiembre, toda esta riqueza de Luis María.

Y cómo el Señor no se deja ganar en generosidad, a los latinoamericanos nos posibilita hacerlo cuándo irrumpe la primavera en nuestro hemisferio, recordándonos que cómo la vida renace en la Creación, así también la nuestra, como la de Luis, puede renacer una y otra vez en su Amor.

Pero septiembre también es el mes en el que podemos celebrar a los estudiantes, los maestros, los secretarios, los preceptores, los profesores, entre otras tantas que colman esta parte del calendario con celebraciones educativas que nos devuelven la mirada a nuestro quehacer montiano a diario. ¡Que bello sería celebrar en claves cristianas cada una de ellas!

Por si fuera poco, este mes que «se las trae» también nos propone las celebraciones de las fundaciones de los Hijos y las Hijas de la Inmaculada Concepción, el 8 de septiembre, junto al recuerdo del nacimiento de la Virgen María, nuestra mamá del cielo.

Sobrados motivos entonces tenemos para ponernos a celebrar en este tiempo. Sobradas posibilidades también de pasar por el tamiz de la montianidad nuestras jornadas y celebraciones de este mes tan especial.

 

¡A celebrar, Familia!

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