Madre Sara Lona «mujer de los sueños de Dios» II – San Cayetano, el santo detrás del encuentro con los Concepcionistas

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Artículo elaborado a partir de «Madre María Sara Lona. Fundadora de las Hijas de la Inmaculada Concepción de la Caridad» de Hno. Giovanni Cazzaniga, CFIC.

 

Los montianos de Salta están fuertemente ligados a San Cayetano. La obra que los Hermanos Concepcionistas han desarrollado en Salta tiene un anclaje muy fuerte en este santo que unió, providencialmente, los caminos de Sara y las Hermanas Concepcionistas que ella fundará con los Hermanos precisamente.

Toda esta historia tiene, como hemos visto, su inicio en este santo tan querido en el norte de la Argentina.

Recordemos, por caso, cómo sucedió el encuentro de Sara con los Hermanos, de sus propias palabras:

«… En el año 1940, a los dieciocho días del mes de agosto, llego al Asilo León XIII, de esta ciudad de Salta, a proveerme de una novena de la medalla de San Cayetano. Como había estado ausente de mi provincia más de cuatro años, me sorprendió encontrar allí a dos Religiosos de sayal azul, exactamente igual al que yo viera en sueños hacía algún tiempo”.

 

Ahora bien, no sólo fue San Cayetano el motivo que cruzó los caminos, también fue el que fundó la naciente amistad y los sostuvo a lo largo del primer tiempo. Fue también quién hizo crecer en Sara el deseo de hacerse “azul” en una caridad cada día más encendida. Así lo podemos leer en sus propias palabras:

“Lo interesé al Hermano para que se buscaran los medios para adquirir una imagen de San Cayetano grande, para la Iglesia, pues el Santo ya contaba con muchos devotos, y no había una linda imagen. Me dio una autorización escrita para recolectar fondos para ese objeto (la conservo). Con lo recolectado se compró una hermosa estatua, que hoy está expuesta a la veneración del pueblo, en una gruta que también se hizo con limosnas, en un lugar cercano a la ciudad, y donde a toda hora del día se puede observar a los devotos que acuden en procura de los favores del milagroso Santo.

Como cada día la relación con los hermanos era más franca, el Hermano Meroni me contaba siempre la obra que realizan en otras partes del mundo, los Religiosos Concepcionistas. Me hablaba del fundador, de los obstáculos de diversa índole que encontrara hasta poder fundar la Congregación; de  darle la independencia que lógicamente necesitaba; de los fines de la misma; de cómo la Providencia se mostraba siempre pródiga al llenar de gracias celestiales a la obra que realizaban en beneficio espiritual y material de la juventud huérfana y abandonada. Todo esto tuvo el poder de conmoverme profundamente, e hice el propósito firmísimo de ayudarlo al Hermano Meroni aún a costa de los mayores sacrificios. En consecuencia, cada día iba vinculándome más a la obra Concepcionista”.

Incluso, de su mano fueron naciendo las obras de los Hermanos en Salta. El hoy Templete San Cayetano y el Colegio homónimo (otrora “la gruta” y el “Hogar”) son frutos potentes y bellos de este encuentro, sostén y corazón encendido.

“Un día de diciembre de 1940, el Hermano me sugirió la idea de formar una Comisión Protectora de la Congregación, que tendría por finalidad la fundación de un hogar Agrícola para niños huérfanos pues, al dirigir él uno de los ancianos que no pertenecía a la Congregación, no podía realizar las dos obras por razones que no es del caso mencionar”.

Pero también, otro signo podemos rescatar. Y está dado por el hecho de que toda la gestación de estas obras se debe a la Comisión que Sara integraba y que Hno. Evaristo seguía desde Córdoba en un trabajo mancomunado entre la Congregación y los laicos salteños que creían en lo que el Buen Dios quería hacer con este carisma en tierra salteña. Así la Comisión tendrá una prolífica actuación, que luego tendrá algunas sombras, pero que no obstan, ni empañan el deseo de Dios y su paso seguro en la consecución de las obras Concepcionistas de Salta.

 

La comisión para el Hogar S. Cayetano, de quien Sara era el alma, se propone tres objetivos: recaudar fondos con rifas, muestras, conciertos de beneficencia; buscar un terreno o un edificio para construir o instalar el Hogar para niños; al mismo tiempo conseguir los fondos para la futura subsistencia de los muchachos admitidos en el Hogar.

Para alcanzar el primer citado objetivo, el Hno. Evaristo mandó de Córdoba objetos religiosos relacionados con la devoción de San Cayetano y las indicaciones de negocios donde se podían encontrar a precios más convenientes. Le envió también una reliquia de San Cayetano. Más allá de los distintos y sabios consejos aumentaban los sinceros agradecimientos: “a Ud. un millón de gracias por todo aquello que hizo y que está haciendo. San Cayetano no la dejará sin el premio” (5/41”)”.

 

En este Agosto que suele ser sumamente intenso para los salteños azules, es hermoso honrar a San Cayetano no sólo como el Santo de la providencia, del pan y del trabajo, sino también como el que está por detrás del encuentro entre Sara y los Hermanos “de sayal azul” de sus sueños.

Curiosamente este “encuentro” se dio en el mes de agosto, el día 18, para ser más precisos. Fecha clave en nuestro caminar como Familia azul. Ese día, comenzó la aventura de Sara, siguiendo los pasos de Luis, de la mano de San Cayetano.

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