Madre Sara Lona «mujer de los sueños de Dios» – El encuentro con los concepcionistas

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Texto extraído de «Madre María Sara Lona. Fundadora de las Hijas de la Inmaculada Concepción de la Caridad» de Hno. Giovanni Cazzaniga, CFIC.

 

El Hno. Evaristo fue el puesto de avanzada de cada obra concepcionista: desde el Hogar Sacerdotal de Bs. As. , al Colegio Robles de Córdoba, al Hogar Agrícola San Cayetano de Tucumán con los ojos dirigidos hacia Salta. Conoció a Monseñor Tavella, arzobispo de Salta y admirador de las actividades educativas y sociales tucumanas de los Concepcionistas. Escribe el Hno. Evaristo, director del Hogar San Cayetano de Tucumán, al P. Pastori: “Me pidió (Mons. Tavella) la dirección para escribir a la P.V. Rvma. para la próxima apertura de la Casa de la Providencia tanto deseada por el difunto Padre Mitti”.

El arzobispo Tavella no titubeó, no estaba en sus costumbres y escribió la carta arriba mencionada.

El arzobispo Tavella no titubeó, no estaba en sus costumbres y escribió la carta arriba mencionada.

En los primeros días del mes de agosto de 1938 P. Faustino, delegado del Superior General para las comunidades de la Argentina, después de una breve visita realizada al Hogar Agrícola San Cayetano de Tucumán, escribe muy satisfecho al Padre Estanislao Pastori:

«He podido constatar personalmente el trabajo y el bien que hacen allá; y la estima que gozan en aquella ciudad. El día de San Cayetano realizaron un almuerzo de casi mil invitados grandes y chicos, ricos y pobres, desde Monseñor Obispo Barrére al último pobre, del niño de siete años al anciano de ochenta y siete, todos hermanados en un solo pensamiento: Honrar “los curas azules” (los hermanos azules)».

P. Faustino, encontrándose ya en Tucumán, se adelantó más al norte, 350 Km, y propiamente en Salta, para tener en el lugar conocimientos precisos del Asilo León XIII. Esto es parte de su informe:

«Pasé por Salta y pude hablar con las dos Presidentas de las Comisiones para los huérfanos y para los ancianos. El Patronato de la Infancia tiene un terreno y un capital, subsidio del gobierno para iniciar la obra que será confiada a nosotros … el asilo de los ancianos está en una buena posición con una linda Iglesia dedicada a la Virgen del Valle, dicen que es bastante frecuentada …».

La Asociación Santa Ana ofrecía a los Concepcionistas la carga de la asistencia que ésta no podía soportar las 24 horas sobre 24. Pero se retenía para sí la administración de la obra, que en aquel momento tenía que ver sólo con los ancianos.

El 18 de agosto de 1940, mes dedicado a S. Cayetano, Sara estaba buscando objetos religiosos del santo, al presente popularísimo en Argentina, invocado como el santo de los pobres.

Es conveniente dejar espacio a la narración realizada en primera persona por Sara Lona, en la primera presentación escrita el 20 de diciembre de 1944 a P. Estanislao Pastori. Después de la humilde presentación de sí misma, narra la historia del encuentro con el Hno. Evaristo Meroni que hacía ocho meses dirigía el Asilo León XIII:

“Reverendísimo Padre… En el año 1940, a los dieciocho días del mes de agosto, llego al Asilo León XIII, de esta ciudad de Salta, a proveerme de una novena de la medalla de San Cayetano. Como había estado ausente de mi provincia más de cuatro años, me sorprendió encontrar allí  a dos Religiosos de sayal azul, exactamente igual al que yo viera en sueños hacía algún tiempo. Me turbó un tanto la coincidencia, pero manifesté al Hermano Meroni el motivo de mi visita. Atendiéndome con solicitud; entramos luego en conversación, y me informé así de cómo se encontraban en Salta, y que se encontraban llenos de dificultades. Me sentí conmovida con la soledad de los hermanos, y más aún cuando supe que el apoyo que les faltaba, era precisamente el de las personas que habían solicitado su venida a Salta, miembros de una sociedad de beneficencia a la ancianidad desvalida. Sentí un vivo deseo de hacer por ellos todo cuanto estuviera a mi alcance, y les ofrecí mi ayuda sin reservas. El Hermano Evaristo Meroni anotó mi dirección para llamarme en cuanto me necesitase. No alcanzo hacerlo, porque yo, con un pretexto que no recuerdo, volví pronto. Lo interesé al Hermano para que se buscaran los medios para adquirir una imagen de San Cayetano grande, para la Iglesia, pues el Santo ya contaba con muchos devotos, y no había una linda imagen. Me dio una autorización escrita para recolectar fondos para ese objeto (la conservo). Con lo recolectado se compró una hermosa estatua, que hoy está expuesta a la veneración del pueblo, en una gruta que también se hizo con limosnas, en un lugar cercano a la ciudad, y donde a toda hora del día se puede observar a los devotos que acuden en procura de los favores del milagroso Santo.

Como cada día la relación con los hermanos era más franca, el Hermano Meroni me contaba siempre la obra que realizan en otras partes del mundo, los Religiosos Concepcionistas. Me hablaba del fundador, de los obstáculos de diversa índole que encontrara hasta poder fundar la Congregación; de  darle la independencia que lógicamente necesitaba; de los fines de la misma; de cómo la Providencia se mostraba siempre pródiga al llenar de gracias celestiales a la obra que realizaban en beneficio espiritual y material de la juventud huérfana y abandonada. Todo esto tuvo el poder de conmoverme profundamente, e hice el propósito firmísimo de ayudarlo al Hermano Meroni aún a costa de los mayores sacrificios. En consecuencia, cada día iba vinculándome más a la obra Concepcionista.

Un día de diciembre de 1940, el Hermano me sugirió la idea de formar una Comisión Protectora de la Congregación, que tendría por finalidad la fundación de un hogar Agrícola para niños huérfanos pues, al dirigir él uno de los ancianos que no pertenecía a la Congregación, no podía realizar las dos obras por razones que no es del caso mencionar.

Sin sospechar siquiera a donde me llevaba la mano de Dios, acepté las sugerencias del Hermano; me dejé dirigir con él; formé una comisión provisoria con personas que el Hermano conocía; me presenté a su Excelencia Rvma. Monseñor Tavella a solicitarle su licencia para ejecutar los trabajos necesarios para aquella obra, quien de inmediato, accedió con entusiasmo, aliviado sin duda al ver que surgía providencialmente la cooperación que la obra Concepcionista necesitaba. Entonces, empecé a trabajar activamente; hubo piedras en el camino, pero yo ya sentía que no podría abandonar jamás esta empresa.

Sucedieron luego cosas tan desagradables para la Congregación, con las autoridades de la Sociedad mencionada ya, que determinaron al R. P. Delegado a retirar de Salta a sus miembros. Es así, como el 8 de marzo de 1941 se ausentaban de Salta, dejando el proyecto de fundación en manos de Dios, del Sr. Arzobispo, y en las mías, ya que antes de la partida del Hermano Meroni, le prometí que continuaría trabajando con todas mis fuerzas para que no  se malograra una obra de asistencia social de necesidad urgente de realizar en nuestro medio. Trabajé  sin descanso; llena de fe en la Providencia Divina, y cada día iba envolviéndome a la obra con todo el cariño de mi corazón”.

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