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A lo largo de este 2020 la misma experiencia se va generalizando. Hemos vivido un tiempo de espera. Muchas de nuestras actividades cotidianas se vieron detenidas repentinamente por la presencia del Covid – 19 y, aunque de a poco vamos retornando a nuestras rutinas con normalidad, no podemos negar que la espera y la paciencia se han vuelto un rasgo distintivo de este tiempo, querido o no.

Esperas impuestas, nueva habilidades hemos tenido que arbitrar para adaptarnos a esta situación y continuar, de la mejor manera posible, con nuestras vidas. Por que si bien, hemos puesto en pausa algunas actividades, no hemos «puesto en pausa» nuestras vidas.

Y cómo toda experiencia que vivimos puede ser iluminada por el Evangelio y las vidas de nuestros santos ¡Qué mejor oportunidad! Sobre todo, por que no tenemos que ir tan lejos para buscar estas luces. Podemos adentrarnos en la vida de nuestro Beato Luis.

¡Arranquemos!

Bien sabemos que a lo largo de su vida Luis Monti ha tenido que esperar mucho, años incluso, para ir realizando el sueño que Dios tenía para él. Toda su vida puede ser leída a la luz de sus esperas, identificando sus procesos vitales a partir de ellas.

Así, sondeando un poco, podemos decir que Luis deberá esperar para hacerse religioso unos 9 años. También deberá esperar para sumarse a los Hijos de María en Brescia. Luego, deberá esperar para ir a Roma a la nueva fundación de los Hijos de la Inmaculada Concepción. Una vez allí, deberá esperar para ser General cerca de 20 años. Ya siendo General, deberá esperar para que sus Hermanos vayan aceptando la incorporación de los huérfanos como parte del apostolado. Y aún más, su última gran espera: los Hermanos sacerdotes, no llegará a verlos en este mundo.

Pero lo interesante no es sólo ver que ha esperado. Hasta ahí es sólo una experiencia que podemos compartir todos. La pregunta, en todo caso, es ¿Cómo espera Luis?

Y acá, lo interesante.

Les compartiré tres escenas de espera de Luis, para responder a esta pregunta.

 

Espera ante el pedido de su mamá de no seguir su sueño:

 

Bovisio. La casa Monti se desmorona. Mamá Teresa le prohíbe a Luis hacerse religioso al oír rumores entre los vecinos. Tal como lo leemos, para 1842/43 la situación de la familia Monti se va volviendo crítica. Papá Ángel ha muerto hace unos años, mamá Teresa no se encuentra en posibilidad de llevar adelante la familia sola. Las hermanas mayores de Luis se van yendo de a poco de la casa. Luis el varón mayor trabaja y ayuda a sostener el hogar. Pero nace en él el sueño de hacerse fraile. Poco a poco va ganando su corazón el deseo de consagrarse por entero al servicio del Señor. Pero el pedido de su madre lo hará esperar durante 9 años para ir tras él. Un pedido que, como decíamos es una prohibición en realidad, que luego, a punto de morir, mamá Teresa levanta para Luis, deseando sólo hacer el bien para él. 9 años es una cantidad enorme de tiempo pero el sueño de Luis no se desvaneció. Permaneció intacto aguardando el momento de concretarse. De modo que esta espera de Luis nos enseña que nunca debemos renunciar a los sueños. Sino, más bien, perseverar en su cumplimiento.

Será tal vez, esta experiencia la que funda su tan conocida frase que dice «La victoria, es decir la gloria, no es del que empieza sino del que persevera hasta el final». 

No lo sabemos, lo que si sabemos es que su sueño, se cumplió. 

 

Con esperanza vive sus días de cárcel

 

Luis Monti y algunos miembros de la Compañía de los Frailes fueron encarcelados durante 72 días. Esto debido a que, aún siendo un grupo de fe que se dedicaba a orar, animarse mutuamente a la santidad y ayudar a los necesitados de su pueblo, fueron acusados de ser un grupo político en contra del gobierno. Si bien, esa acusación se demostró falsa, los días en la cárcel no fueron evitados. Pero fueron vividos con serenidad e, incluso, con alegría. Siempre confiados en que el Señor no los abandonaría. Por ello se la pasaban cantando y rezando en la capilla que habían armado en la celda. 

Esta experiencia de Luis nos enseña que, aún en la adversidad, en la serena comprensión de nuestra verdad, de quiénes somos y, teniendo a Dios como testigo, podemos vivir con libertad y alegría, aún en el lugar o el contexto más penoso que exista. 

 

No cesa en la esperanza de ayudar a Eduardo

 

En 1882, Padre Monti se enteró de la historia de Eduardo, hermano del Hno. Angélico. Habiendo quedado huérfano, fue dado en adopción a una familia de Nápoles que luego lo abandonó. Quedó en la calle, vago por ella y vivió muchas penurias, llegando incluso a delinquir. Preocupado por él, Padre Monti lo buscó y lo encontró vagabundo en un muelle en las cercanías de Florencia.  Lo rescató y lo llevó a su casa, lo cuidó y fue un verdadero padre.

Aún así, Eduardo le dio muchos dolores de cabeza y fue un poco ingrato, volviendo a la calle y al delito. Pero Luis, no perdió nunca la esperanza en él y de continuo lo buscaba y preocupaba por él.

Perseverar en el bien y no perder la esperanza en las personas es, sin dudas, una de las esperas más difíciles que podemos experimentar. Pero de las más desafiantes y santificantes, a la luz de lo vivido por Luis. Vivir con la esperanza que nuestro hermano encontrará al Señor nos dispone a, precisamente, disponernos. 

 

Esperar es una experiencia humana profunda. Que puede ser vivida con desesperanza o esperanza. Cómo todo en la vida de los cristianos, el desafío está en dejar pasar a Jesús por cada experiencia. Luis nos invita a vivirla sin abandonar los sueños, con gozo en la verdad y con la esperanza para la conversión.

 

¿Nos animamos?

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