Centinelas de la Caridad: Hno Francesco Molteni

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Extraído y traducido de “Profeti nell´ ordinario. Profilio dei Fratelli”
Autor: Hno Zamperetti

“aquel Hermano es muy bueno y muy simpático”

 

Seguimos conociendo a los primeros cuatro Hnos que llegaron a la Argentina. “Las cuatro M” concepcionistas que trajeron el Carisma del Beato Monti a Latinoamérica. Hoy, un Hermano muy particular, con una historia muy bella: Hno. Francesco: excombatiente, ebanista y promotor de muchas bellas obras en el Colegio Robles.  

 

Era el más joven de los primeros Concepcionistas que desembarcaron en el puerto del Río de La Plata en el lejano 1921. Había nacido en Lazzate (Como). Cuando P. Pastori, desde el principio de su gobierno, puso la mirada en las tierras más allá del mar para realizar el sueño del venerado Padre Fundador, quiso que en aquella primera expedición no faltase el joven Francisco Molteni, excombatiente de la Primera Guerra Mundial, condecorado con cuatro medallas al valor, conquistadas en las legendarias expediciones de la “Compañía de la muerte”.

La audacia y los ímpetus juveniles del Hermano Francisco, moderados durante el noviciado, fueron todavía mejor moldeados por la sabía prudencia del P. Edmundo Mitti, director de aquella primera expedición a la República Argentina. El Hogar sacerdotal de Bs As fue la primera escuela en donde el Hermano Francisco templó su carácter y donó con simplicidad su bondad y su alegría a aquellos hombres lacerados por los sacrificios y los años. En 1926 con otros Hermanos enfrentó los dificultosos inicios del Colegio Robles de Córdoba. Muy hábil artista, dotado de espíritu de iniciativa y de organización, recogió muy pronto el afecto de cuantos se le acercaron. Le fue fácil rodearse de buenos colaboradores y así surgieron, una después de otra, la Pía unión de San Antonio, de Santa Teresita, de Nuestra Señora de Lourdes, la Cruzada Eucarística, los Exploradores Católicos, el Centro Cultural-Recreativo “Padre Monti”. En pocos años el “Instituto Robles” vio ampliar su estructura con la nueva capilla, la portería, el amplio hall de ingreso, los pórticos de la galería, y el cercado perimetral. Hermano Francisco, mendicante de Dios, fue promotor de estos trabajos, para los cuales encontró material y dinero. Era conocido por toda Córdoba donde todos admiraban al “Hermano Grandote” que, en los desfiles patrióticos organizados por la colectividad italiana llevaba sobre el pecho las cuatro medallas al valor. Todos afirmaban de él: “aquel Hermano es muy bueno y muy simpático”.

El día 7 de diciembre de 1950 al excelentísimo arzobispo de córdoba bendijo la Cripta. En aquella ocasión exclamó: “¡Esta no es una Cripta, sino una basílica!”.  Después fueron construidos los seis altares de mármol, la gruta, el rosario de oro, la capilla del santo Crucifijo, la escalera de granito, el revestimiento de las columnas, de tal forma que alcanzó a ser uno de los lugares religiosos más admirados y frecuentados de la ciudad.

El Hermano Francisco propulsor de todos estos trabajos gozó inmensamente pero descuidando su propia salud. El 14 de julio de 1960 el Hermano Francisco, Religioso bueno y trabajador, hombre de gran corazón, murió. Terminó su vida purificada por el dolor de la enfermedad que desde hacía tiempo socavaba su fuerte y robusto cuerpo, circundado por cuantos lo habían conocido. Fue llorado por toda Córdoba. En la jornada fría del 16 de julio. recibió el homenaje de un pueblo agradecido, y la Virgen cubriéndolo con su manto lo habrá acogido en el Paraíso.

Querido Hermano Francisco, el recuerdo de tu figura simpática quedará con nosotros junto a las obras bellas que nos has dejado. Tu amor por la Virgen será para nosotros un continuo empujón y un ejemplo eficaz para hacer el bien.

 

A continuación un testimonio de una montiana que compartió mucho con Hno Francisco y los Concepcionistas en Barrio Pueyrredón, la Sra. Irma Vaca

 

“Quisiera emplear las palabras más expresivas que la mente pueda sugerir y las más apropiadas para llegar al corazón y expresar el cariño por un religioso concepcionista, que vivió entre nosotros y nos ha hecho amar tanto la Congregación de los Concepcionista.

Este se llamaba Hermano Francisco Molteni, inolvidable para mí por todo lo que ha trabajado y testimoniado.

Ahora tengo 50 años. Cuando era niña frecuentaba la capilla del Colegio Robles y de a poco fui conociendo mejor al Hermano Francisco. Él trataba con los chicos y jóvenes con un santo respeto, como si fueran personas adultas.

Su modo de hacer infundía en mí y en las otras personas una gran confianza y una cierta veneración. Hasta las personas no creyentes lo llamaban Padre Francisco. Todos aquellos que lo rodeaban querían ser como él. Era un modelo de bondad por la caridad que irradiaba con sus modos afables.

Había fundado una Comisión que trabaja en la búsqueda de vestimenta, zapatos, entre otras cosas, para los huérfanos que por aquel entonces residían en el Colegio.

Si entre las personas que frecuentaban la capilla se producía alguna divergencia, no perdía la oportunidad para llamarlas a trabajar en la obra que se desarrollaba en el Colegio y así olvidaban las desuniones del pasado.

Su rostro irradiaba alegría cuando en la congregación se hacían los preparativos para recibir un neo profeso. Con santa humildad nos asociaba a su fervor. Yo frecuentemente le decía: “Qué hijo tiene esta Madre” (aludiendo a la SS Virgen), y él me respondía: “¡Qué Madre tiene este hijo!” y sus ojos del color del cielo daban la impresión de estar viendo a la Inmaculada. Así sucedió más de una vez cuando conversábamos.

Cuando se estaban terminando los trabajos para la inauguración de la Cripta de la Virgen de Lourdes su alegría no tenía límites y la transmitía a todos. ¡Que agradecido era el Hermano Francisco! Trabajaba siempre aún enfermo, como si no tuviese ningún mal. Y un día se fue y no hubo otro Hermano como él en el Colegio.

Así afirmo yo y todos aquellos que lo han conocido.

¡No lo olvidaremos jamás!”

 

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